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CRISTIANOS BAJO EL ISLAM por Leopoldo Peñarroja

Reseña realizada del Libro de Leopoldo Peñarroja Torrejón. Gredos. Madrid, 1993. Por Jose Damian Roig Berenger

En historia todo es demostrable, esta parece ser la máxima que ha guiado al autor de la obra a la hora de hacer las aseveraciones que encontramos en este libro. Es este un trabajo destinado a engrosar lo que podríamos llamar 'corpus ideológico de los nacionalismos rancios' sin importar la adscripción regional de estos - los cuales tienen serias dificultades para aceptar ciertos hechos de nuestra historia, por mucho que el sentido común acabe imponiéndolos una y otra vez.
Uno de estos hechos es el de la débil cristianización preislámica de la mayor parte de la Península Ibérica y la facilidad, rapidez y eficacia de la posterior islamización. En un principio los trabajos de los Simonet, González Palencia, Codera y otros buscaba presentar a los visigodos como los legítimos pobladores peninsulares, siendo los mozárabes los mantenedores de sus formas culturales y religiosas bajo el dominio islámico y los reinos peninsulares del Norte los herederos de esta legitimidad que les llevará ha emprender la mal llamada 'Reconquista'. Con trabajos como este que nos ocupa lo que se busca más bien es la reafirmación de un cierto nacionalismo regional frente a otro del mismo tipo valenciano frente a catalán .
En una obra anterior, 'El mozárabe de Valencia. Nuevas cuestiones de fonología mozárabe', el autor defendía la existencia en Valencia de un romance vernáculo anterior a la conquista cristiana. Por lo que, pese a que el autor diga lo contrario en la introducción del libro que nos ocupa, este no deja de ser la continuación lógica a su anterior trabajo. Si tengo una lengua necesitaré un pueblo que la hable y a ello dedica todos sus esfuerzos en 'Cristianos bajo el Islam', a la documentación de toda una comunidad que pervivió, en lo que hoy entendemos como Comunidad Valenciana, bajo el dominio islámico, conservando su identidad como pueblo durante más de cinco siglos. Para ello hará uso de un notable corpus bibliográfico y de fuentes tanto latinas como árabes con el resultado que paso ahora a detallar.
El primer paso en su argumentación es demostrar la antigüedad y la fortaleza del cristianismo valenciano preislámico. Para ello nos presenta como verdad irrefutable el martirio de San Vicente y la temprana y fuertemente arraigada veneración del Santo. Con la misma intención muestra una serie de puntuales hallazgos arqueológicos entre los que destaca el supuesto sarcófago del Santo, que solo probarán que el cristianismo se había introducido entre las clases más pudientes de la zona pero incapaces de probar nada respecto a la masa de campesinos a su servicio. Mención especial merece el razonamiento que hace acerca de la autenticidad del sarcófago del Santo, 'nada impide aunque nada lo garantice, que se trate del sepulcro del mártir', a lo que habría que contestar que lo impiden las leyes de probabilidad y el sentido común, con toda seguridad no se trata del sarcófago de Tutankamón.
El mismo propósito tiene la mención de las cinco diócesis valencianas citadas en las Actas de los Concilios de Toledo y la mención de algún hallazgo arqueológico de dudoso origen. A la hora de hacer estas afirmaciones se me ocurren interrogantes tales como el número de curas, de fieles, de parroquias, y cómo se mantenían. Cuestiones sin duda imprescindibles a la hora de estudiar la implantación del cristianismo y que son prácticamente imposibles de responder debido a la falta de documentación al respecto.
El segundo paso en el razonamiento del autor es probar la existencia de comunidades cristianas bajo dominio musulmán y su pervivencia hasta el final de la conquista cristiana. Comienza explicando el estatuto de los cristianos bajo jurisdicción islámica, no sin hacer hincapié en los impuestos especiales que pagaban y que hacía muy provechoso para los gobernantes musulmanes el mantenimiento de un núcleo importante de población cristiana. Argumento que se cae por si mismo con la simple revisión de la trayectoria del Califato Omeya de Damasco.
La explicación de lo que fue el periodo de dominación musulmana lo divide en cinco capítulos:
  • De la conquista musulmana (713-714) a la conquista del Cid (1094).
  • La conquista del Cid.
  • El dominio almorávide (1102-1145).
  • Valencia bajo Ibn Mardan (1147-1172).
  • Valencia almohade: de Ibn Mardan a Zayy~n (1172-1138).
    A lo largo de ellos basará constantemente su razonamiento en la existencia de una serie de episcopados que aparecen ante nosotros vacíos de contenido y que muy posiblemente sólo existiesen de manera nominal. Ni por un momento aborda la cuestión de la permeabilidad de la frontera con los reinos cristianos, lo cual posibilitaría la instalación de cristianos del Norte peninsular atraídos por la prosperidad andalusí. Se empantana inútilmente en la mención de una serie de obispos cuasi legendarios como el sayyed al-matrún de la ciudad de Valencia. No deja claro en ningún momento las autenticas dimensiones de la supuesta comunidad mozárabe y presenta como pruebas irrefutables lo que no son más que arriesgadas conjeturas.
    Pieza importantísima de su argumentación es la mención que se hace en la crónica árabe al-Bayún de al-rúm al-baladiyy en término que según el autor no admite otro sentido que el de naturales del territorio. En mi opinión de una sola mención se sacan muchas conclusiones definitivas. Sin duda se refiere a cristianos, lo que ya no resulta tan claro es su procedencia, siendo mucho más probable que se tratase de cristianos procedentes de otros reinos cristianos y que llevasen allí cuatro, cinco o más generaciones encontrándose totalmente arabizados y asimilados en su entorno, tanto a la vista de unos soldados recién llegados del Norte como a la de un cronista árabe. En cualquier caso sea cual sea su origen, no se trata más que de una simple mención que no aclara nada sobre las dimensiones de la supuesta comunidad, ni del grado de conservación de la cultura y costumbres peninsulares preislámicas.
    La escasa atención que se presta en las crónicas árabes a las poblaciones cristianas autóctonas debería haber hecho que el autor se reflexionase acerca de sus afirmaciones sobre la importancia y número de estas. Lejos de esto el autor se dedica a hacer un uso parcial de las fuentes empleando las que le son favorables e ignorando las que no le convienen, recurriendo en su mayoría a fuentes cristianas.
    Realmente representativo de la parcialidad con que el autor trata sus fuentes, es la manera de abordar las crónicas referidas a la expedición de Alfonso I a la Vega de Granada. Me parece inaudito que no ponga la menor objeción a la mención de los doce mil soldados mozárabes de Granada que estaban dispuestos a apoyar a Alfonso I en su campaña granadina. Ante un dato tan exagerado y fuera de medida el autor no dice nada y lo da por bueno cuando resulta evidente que para la época un ejército de esas dimensiones es algo totalmente increíble. Por no hablar de lo dudoso de su adscripción mozárabe y su más que probable composición a base de mercenarios.
    Otra parte de su argumentación está basada en la existencia de diversos monasterios en tierras valencianas, monasterios cuya existencia sólo viene reseñada en fuentes cristianas y que podría deberse en más de una ocasión al deseo de dar una idea de la expansión de las órdenes monásticas mayor de lo que en realidad era, o tratarse de clero foráneo totalmente aparte de la población musulmana. Como se puede ver, a poco que se aborden estas fuentes con un mínimo espíritu crítico las dudas que surgen son muchas.
    Tras los capítulos ya reseñados empieza una segunda parte que el autor titula 'Tres aproximaciones al cristianismo mozárabe', estas son:
  • El proceso entre los arzobispos de Toledo y Tarragona sobre la dependencia de la Sede Valentina.
  • Emigración mozárabe a la España cristiana.
  • Las comunidades cristianas de al-ándalus y sus relaciones. Cristianos en el áfrica islamizada.
    A mi modo de ver sólo el primero de estos capítulos tiene algo que ver con lo tratado en este libro, ya que el largo proceso que se siguió para establecer la dependencia de la Sede Valentina pudo llevar a que los litigantes falsificasen alguna de las fuentes en su beneficio, atestiguando una presencia en el territorio que no se correspondía con la realidad.
    El resto de capítulos son simple material de relleno puesto ahí para intentar influir, por simple analogía, en la opinión del lector y poco o nada aportan a lo aquí tratado.
    El capítulo de conclusiones vienen a ser la traca final donde el autor se destapa y establece una serie de conclusiones definitivas basadas en lo ya expresado a lo largo de la obra y que vienen a demostrar, a su juicio, que durante los cinco siglos de dominio musulmán en territorio valenciano hubo una comunidad cristiana que permaneció fiel a sus raíces visigóticas preislámicas y que se mantuvo como tal comunidad con cultura, lengua y religión propias hasta la llegada de los conquistadores cristianos. La única aportación nueva de este capítulo es el epígrafe llamado 'Cosmovisión y mundo cultural', en el que nos habla de lo cohesionada que estaba cultural y socialmente la comunidad mozárabe. A lo largo de este epígrafe son mucho más frecuentes las referencias a comunidades mozárabes de otras partes de la Península y a épocas anteriores como son los siglos XI y XII que a las propias comunidades mozárabes valencianas, posiblemente por que no hay nada que mencionar e intenta llenar de esta manera el vacío existente al respecto. Sólo menciona a los mozárabes valencianos a la hora de hablar de la gran importancia que tuvieron para la formación de 'la conciencia histórica diferencial' del nuevo Reino, 'un Reino jurídicamente nuevo, pero sobre una entidad territorial preexistente y definida', o como transmitieron 'los elementos consuetudinarios del derecho valenciano ausentes en el derecho aragonés y el catalán'. Por supuesto no se olvida de recordarnos la pervivencia que tenía el romance vernáculo en el momento de la conquista cristiana basándose en la pervivencia de este en multitud de nombres geográficos o apelativos de sus habitantes, como si la actual pervivencia de topónimos y apelativos personales de origen árabe demostrase que en la España de hoy en día se continua hablando árabe.
    A la vista de todo esto queda claro que el único fin que persigue este libro es el de fomentar el segregacionismo cultural de una Cataluña que es vista por ciertos sectores políticos y culturales como algo amenazante, aunque para ello haya que recurrir a la ciencia ficción histórica con la interpretación parcial y mal intencionada de las fuentes. Ya se sabe, en política todo vale.
    * JOSÉ DAMIÁN ROIG BERENGUER. Licenciado en Filología árabe e Islam por la Universidad Autónoma de Madrid. (c) Alharaca 1999.